“¿Quién se adapta a quién?”
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9 Refirió también esta parábola a unos que confiaban en sí mismos como justos, y despreciaban a los demás:
10 Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo y el otro recaudador de impuestos.
11 El fariseo puesto en pie, oraba para sí de esta manera: «Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos.
12 »Yo ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que gano».
13 Pero el recaudador de impuestos, de pie y a cierta distancia, no quería ni siquiera alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: «Dios, ten piedad de mí, pecador».
14 Os digo que este descendió a su casa justificado pero aquel no; porque todo el que se ensalza será humillado, pero el que se humilla será ensalzado.
“Dios no puede llenar lo que está lleno de sí mismo.”
— Leonard Ravenhill
Vivimos en una generación donde muchos quieren un evangelio a su medida:
— Un Cristo que no confronte.
— Un Dios que apruebe todo.
— Un Espíritu Santo que no corrija, solo consuele.
Pero la pregunta que debemos hacernos hoy es:
👉 ¿Debe Dios adaptarse a nosotros o debemos nosotros rendirnos a Su voluntad?
El verdadero cristianismo no consiste en que Dios cambie por mí, sino en que yo cambie por Él.
1. Naamán quería un milagro… pero a su manera
1. Naamán quería un milagro… pero a su manera
“Y se enojó Naamán, y se fue diciendo: He aquí yo decía para mí: saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano, y tocará el lugar, y sanará la lepra.”
— 2 Reyes 5:11
Naamán tenía un concepto preconcebido de cómo Dios debía actuar.
Él quería un milagro, pero también quería controlar el método.
💬 En su mente, Dios debía ajustarse a su estatus, su rango, su expectativa.
Pero Dios no se adapta al orgullo; Él exalta al humilde.
“El discipulado no consiste en hacer que Jesús siga tu camino, sino en seguir tú el suyo.”
— Dietrich Bonhoeffer
“La vida cristiana no es difícil, es imposible… hasta que dejas que Cristo viva Su vida en ti.”
— Ian Thomas
2. La obediencia sencilla produce el milagro poderoso
2. La obediencia sencilla produce el milagro poderoso
“Entonces él descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.”
— 2 Reyes 5:14
Cuando Naamán se rindió a la instrucción divina —aunque no tenía sentido lógico—, el poder de Dios se manifestó.
El milagro no estaba en el agua del Jordán, sino en la obediencia.
💭 Dios no necesitaba que Naamán entendiera, sino que obedeciera.
3. El orgullo quiere un Dios que se adapte; la fe se adapta a Dios
3. El orgullo quiere un Dios que se adapte; la fe se adapta a Dios
Naamán casi pierde su milagro por su orgullo.
El verdadero cambio comenzó cuando bajó al Jordán, símbolo de descender, humillarse, obedecer.
🕊️ “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” — Santiago 4:6
Lecciones espirituales del relato
Lecciones espirituales del relato
La obediencia siempre precede al milagro.
La fe no es entender a Dios, es confiar aunque no entiendas.
La humildad abre lo que el orgullo cierra.
Naamán fue sanado solo cuando se rindió.
Dios no se acomoda a nuestros moldes religiosos.
Su poder se manifiesta en los corazones que se ajustan a Su voluntad, no al revés.
Fruto del Espíritu en acción
Fruto del Espíritu en acción
Naamán experimentó en su vida los frutos del Espíritu que se mencionan en Gálatas 5:22–23:
Mansedumbre → aceptó la corrección del siervo.
Dominio propio → venció su enojo inicial.
Fe → obedeció aunque no entendía.
Benignidad y amor → volvió agradecido y ofreció honra al profeta.
La transformación de Naamán fue interna antes que externa.
Versículos de apoyo
Versículos de apoyo
Romanos 12:2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento…”
Juan 14:15: “Si me amáis, guardad mis mandamientos.”
Lucas 6:46: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”
1 Samuel 15:22: “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios…”
Conclusión
Conclusión
El Dios de la Biblia no cambia para complacernos; nos transforma para parecernos a Él.
Cada vez que exigimos que Dios haga las cosas a nuestra manera, estamos intentando ser el centro.
Pero cuando rendimos nuestra voluntad, el cielo se abre y la gloria de Dios se manifiesta.
“Antes de que Dios te use grandemente, te quebrantará profundamente.”
— A.W. Tozer
“El altar no es el lugar donde Dios se adapta a ti, sino donde tú mueres a ti mismo para que Él viva en ti.”
— Billy Graham (parafraseado)
“El verdadero quebranto no busca cambiar a Dios, sino ser cambiado por Él.”
— Watchman Nee
“Dios no cambia para complacernos; nos cambia para perfeccionarnos.”
“No se trata de que Dios se adapte a mi voluntad, sino de que mi voluntad se rinda al Dios que nunca cambia.”
Oración final
Oración final
Señor, enséñanos a obedecer aunque no entendamos,
a humillarnos aunque duela,
a confiar aunque parezca ilógico.
Que no busquemos un Dios a nuestra medida,
sino que seamos moldeados a la medida de Cristo.
Haznos mansos, obedientes y sensibles a Tu voz.
En el nombre de Jesús. Amén.
